Efectos opuestos en el sistema nervioso central: Las benzodiacepinas son depresores del sistema nervioso central, utilizadas para tratar ansiedad, insomnio o convulsiones, mientras que la nicotina tiene efectos estimulantes suaves. Estas propiedades opuestas pueden enmascarar parcialmente los efectos de una o ambas sustancias, lo que podría llevar a un uso excesivo de las benzodiacepinas o a un consumo elevado de nicotina.
Interacción metabólica: La nicotina puede aumentar la actividad de ciertas enzimas en el hígado, lo que podría acelerar la metabolización de algunas benzodiacepinas, haciendo que sus efectos sean menos duraderos o menos intensos de lo esperado. Esto puede llevar a un aumento de la dosis de las benzodiacepinas, incrementando el riesgo de dependencia o sobredosis.
Riesgo de dependencia dual: Tanto la nicotina como las benzodiacepinas tienen un alto potencial de adicción. Usarlas juntas puede reforzar patrones de dependencia psicológica y física, dificultando dejar cualquiera de las dos sustancias.
Efectos respiratorios: Aunque las benzodiacepinas rara vez afectan la respiración en dosis terapéuticas, el tabaquismo crónico puede agravar problemas respiratorios (como EPOC o bronquitis), lo que podría empeorar los efectos de la depresión respiratoria en caso de sobredosis de benzodiacepinas.
Impacto emocional: La nicotina podría atenuar momentáneamente la sedación de las benzodiacepinas, pero también podría exacerbar la ansiedad una vez que el efecto inicial de la nicotina desaparece, contrarrestando el propósito de las benzodiacepinas.